Paisaje Cultural 23 Mayo, 2017

El paisaje artístico y la invención de la naturaleza

Edgar Asencios, Bajada de Baños, Barranco (2016).

 

El arte, según Lévi Strauss, es la posibilidad de dominación que «el hombre» tiene sobre la naturaleza a través de su cultura. Dominarla es identificarla, conocerla y sobre todo, inventarla. Así, nuestro entorno ha sido creado cada vez que aparece un artista, asegurando su mutabilidad en el tiempo, y con ello, definiendo el campo de visión como un laboratorio de metamorfosis por excelencia.

Asimismo, aquellas parcelas del territorio que definimos como «paisaje» funcionan como proyecciones culturales. Su identificación y conservación implica formarlas y transformarlas. No es posible mantenerlas inertes, si se detienen en el tiempo es porque dejan de ser observadas, pasando al olvido, muriendo. Sólo, la posibilidad de interpretación hace que el entorno exista y persista para el mañana.

El «paisaje», preferentemente, ha sido puesto en contacto o presentado en sociedad a través del arte, a través de un producto cultural como lo es la pintura, la escultura, un video, una fotografía, etc. Aquí, confluye el medio como canal de comunicación y el territorio, pero más que nada, el aporte de sensibilidad y creatividad del artista. En ocasiones, esta sinergia ha sido un vínculo obsesivo y la historia se ha encargado de nombrar o reconocer los paisajes debido a los productos culturales elaborados por el genio creativo.

 

Cordillera del Vilcanota, Edgar Asencios (2016).

 

Los movimientos impresionista y postimpresionista han sido algunos de los más afamados divulgadores de «paisaje». Los microrrelatos alrededor de la presentación de nenúfares en 1889 bajo el contexto de la Exposición Universal de París fueron antecedentes de interés entre Monet y Aquitania; luego, la naturaleza se apoderó de Goya en Burdeos, Matisse en Bretaña o Gaugin en Tahití. De hecho, una de las historias que llama la atención es sin lugar a dudas la del monte Sainte-Victoire[1]. Un espacio conocido e inventado por el arte. En la actualidad, la publicidad de visita a la Provence se anuncia a partir de los «Paisajes de Cezanne», además y luego del incendio (1989), su restauración tuvo como referente principal las pinturas elaboradas por el padre del modernismo pictórico.

 

Montaña Sainte-Victorie, Paul Cézanne (1904-1906).

 

Sin embargo, la anécdota que evidencia la culturización de la naturaleza fue la pregunta que en un coloquio de paisaje en Tokio tuviera que responder Alain Roger cuando se le consultó qué hacer con el futuro del Fuji. El cambio climático había impactado negativamente en sus características morfológicas, lo había degradado y alterado; y así como sucede con los objetos de arte o de interés para la historia y la arqueología, era necesario restaurarlo. Pero en este caso, el argumento más allá de un sustento académico sobre teoría de la conservación, era, simplemente, que la montaña sagrada de Honshu ha sido una constante reinvención de la tradición artística japonesa, sobre todo, de representaciones pictóricas y del arte del grabado. Y por esa razón, debía ser intervenida, tan igual como si se hiciese con la torre Eiffel, el acueducto de Segovia o la Casa de Pizarro.

No sería pues descabellado, escuchar a los turistas de la cordillera de Kageitah, insistir en visitar el Fuji en pleno otoño, debido a la famosa estampa de Hokusai titulada «Fuji Rojo»[2] (1826-1831); elaborada en pleno otoño, donde el sol naciente calienta la montaña, generando un contraste evidente con el cielo abierto que rodea la isla. Así, cobra especial importancia la idea sobre la invención del paisaje, sobre la invención de la naturaleza y en esa compleja fruición de dominación que la humanidad ejerce sobre la misma.

 

Fuji Rojo, Katsushika Hokusai. (1826-1831).

 

De esta manera, la producción en artes permite, al margen de documentar escenarios, inventarlos y transformarlos. Es decir, culturizarlos. El embate estético dejado en la imagen es testigo de su existencia y de la percepción de aquellos individuos que se distancian de su entorno y proyectan formas de socializarlo. Por esa razón, para el propio artista o consumidor —que observa la belleza del paisaje—, el territorio ha dejado de interesarle por su condición natural, quedando el producto cultural o el invento de la naturaleza.

 

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[1] De Paul Cézanne – Henry and Rose Pearlman Collection, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=42907158

[2] De Katsushika Hokusai – http://visipix.dynalias.com/cgi-bin/view?s=5&userid=1025493065&q=red%20fuji&u=2&k=0&l=en&n=1, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=313228

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