Paisaje Cultural 21 Marzo, 2017

Donde cayó la mula: «Pulacayo»

 

Los especialistas del pasado señalan que el patrimonio es un proceso, en la medida en que se intenta recuperar elementos simbólicos de la cultura para ser revitalizados, adaptados o reinventados desde y para nuestro presente (Gonzáles-Varas, 2015). Dicho proceso implica transformar el patrimonio en un recurso económico, activarlo como producto, pero sobre todo, desarrollar estrategias didácticas que permitan convertirlo en un soporte de identidad para la comunidad beneficiaria. En el caso de Pulacayo, el principio de la cadena metodológica apenas empieza: la documentación visual.

Sin embargo, la cuna del equipo de fútbol «The Strongest» de Bolivia está dentro de la lista tentativa de declaratoria como patrimonio industrial por la UNESCO desde el año 2003 bajo los criterios III, IV y VI sin que haya habido un trabajo significativo de socailización[1]. Es decir, sin que exista un proyecto integral de activación de los recursos patrimoniales donde la comunidad de Pulacayo obtenga un beneficio consensuado, y donde ésta forme parte activa en la toma de decisiones sobre el rédito económico, la explotación turística y el componente socioeducativo.

A partir de 1850, la historia de Bolivia giró entorno a la mina de Huanchaca (Pulacayo), un recurso natural que impactó decididamente en el desarrollo del país y su proceso de industrialización. Durante el último tercio del XIX aperecen en el área de explotación las máquinas de vapor y el primer ferrocarril que unía Antofagasta con Pulacayo (1876-1879) en pleno contexto de la Guerra del Pacífico. El centro minero de la zona es, justamente, el reclamo nacional sobre su declaratoria como emplazamiento de patrimonio industrial.

Pero el patrimonio industrial de Pulacayo no solo implica la cosificación de aquella maquinaria vinculada con la explotación minera; implica una relación con las historias de los habitantes del municipio de Uyuni y con hitos significativos para el desarrollo nacional como lo fue la creación de la Constitución Politica de 1880 (vigente hasta 1938), la aparición de la doctrina comunista que dio vida a las primeras sociedades formalizadas en el Club Maestranza de 1918 o la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (Tesis de Pulacayo) de 1946. Incluso, valores asociados a los propios inmuebles u objetos de interés cultural como la casa del empresario Aniceto Arce o la locomotora robada en 1908 por los norteamericanos Butch Cassidy y Sundance Kid cuya historia fue llevada al cine en 1969: «Dos hombres y un destino».

Seguramente hoy nos sea de mayor familiaridad la ruta turística del desierto de Tunupa (salar de Uyuni), el cementerio de trenes o incluso, las tres jornadas del rally Dakar desarrolladas en enero de 2016 durante su paso por Bolivia. Pero para aquellos que trabajamos con el patrimonio cultural, la investigación y gestión cuenta y se hace visible al construir y difundir un discurso integrado de su línea de tiempo — a modo de biografía—, de los acontecimientos sociales y de aquellos individuos y grupos de interés vinculados al mismo; es decir, cuando hacemos que los objetos signifiquen relaciones y funcionen como sustento de memoria, identidad y calidad de vida para la población.

Parada intermedia donde se aprecia la magnitud de la planicie, el Salar y el desierto.Mirador de Pulacayo, desde Uyuni.

Local sede del club «The Strongest».

Locomotoras (actualmente en desuso).

Instalaciones de la antigua mina de Huanchaca (hoy en día utilizadas como viviendas).

Pulacayo y su iglesia matriz.

Construcciones actuales bajo técnicas tradicionales en piedra (2).

Salar de Uyuni en temporada de ruta turística (febrero – marzo).

Casa de Aniceto Arce.

Cementerio de Pulacayo, esculturas funerarias en piedra y placas recordatorias de iconografía céltica (2).

 

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[1] http://whc.unesco.org/en/tentativelists/1814/

 

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